No eran la pareja perfecta. Ella era muy caprichosa, y el, él era él. Eran como el agua y el aceite, el día y la noche. Él era un chico respetuoso, ella una loca impulsiva. Discutían por tonterías. El prefería tomar algo en un sitio calentito, y ella.. bueno, ella amaba bailar debajo de la lluvia. Lo mejor de todo, es que los demás no apreciaban lo mejor. Él daría todo lo que tiene por hacerla reír, por verla feliz. Se tumbaba en la acera cada vez que ella le negaba un beso, hasta conseguir que se lo diera. Amaba dormirla a base de caricias y despertarla besándola en el cuello. Le encantaba ver como se emocionaba cuando le decía cuanto la quería y ver como se alocaba cantando bajo la ducha. Odiaba que le besara con gloss, pero le encantaba el sabor que le dejaban sus labios. Que cada vez que le dijera te quiero le contestara con un " y yo a ti enano mierdoso". Le volvía loco hablar con ella sabiendo que esta solo hacía mirarle la boca con una mirada tentadora. La amaba por encima de cualquier cosa. Lo que tampoco sabían era que a ella le costaba recobrar el aliento cada vez que le miraba a los ojos. Que la piel se le ponía de gallina cada vez que él acercaba su boca a su oído. Que fuera tan sensible y sincera le encandilaba. Era como tocar la melodía adecuada en el momento adecuado. Ella se sentía especial cada vez que le regalaba una sonrisa, o cada vez que la comía con la mirada. Amaba caminar por la calle con él; siempre y cuando sus brazos le sirvieran de abrigo. Que cuando pasearan por escaparates viniera él con las manos llenas de las cosas que a ella tanto le gustaban. Amaba quedarse dormida sabiendo que él no dormiría esa noche. Se la pasaría observándola. Le encantaba ponerse sus sudaderas sabiendo que iba a estar impregnada de su olor el resto del día. Se sentía orgullosa de decir, sí, es él. Es mi vida entera.
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